Brasil decidió bajar el nivel de su relación diplomática con la Argentina al de encargado de negocios y posterga sin fecha el regreso de su embajador, Julio Bitelli, a Buenos Aires, en la crisis bilateral más grave entre ambos países en más de dos siglos de relación. La decisión responde a la seguidilla de agravios del presidente Javier Milei contra su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
Cómo se tomó la decisión
El canciller brasileño, Mauro Vieira, le entregó al embajador argentino en Brasil, Daniel Raimondi, una protesta formal con la medida ya resuelta. A partir de tres agresiones de Milei desde el domingo, decidieron que Bitelli no regrese mientras esa situación se mantenga, y que la relación bajará al nivel de encargado de negocios. Fuentes del gobierno brasileño remarcaron que tuvieron mucha paciencia y que no habían respondido antes, pero que la reiteración de las ofensas hizo inevitable la decisión.
Qué implica bajar a «encargado de negocios»
Esta categoría diplomática es un escalón por debajo de la de embajador: permite mantener los canales institucionales entre los dos países sin llegar a una ruptura total de relaciones, aunque sin que haya un diplomático de carrera al frente de la sede. Es una herramienta de protesta habitual entre Estados —similar a llamar a consultas a un embajador—, que deja constancia oficial del reclamo sin cortar el vínculo. Es la primera vez en varias décadas que Brasil aplica esta rebaja con la Argentina.
El detonante: los insultos de Milei
La molestia de Brasilia se profundizó tras la participación de Milei en la convención del Partido Liberal, el 25 de julio, donde respaldó a Flavio Bolsonaro como candidato presidencial. Allí, el mandatario argentino calificó a Lula de «ladrón», «presidiario» y «basura socialista», y también insultó al juez de la Corte Suprema brasileña Alexandre de Moraes, a quien llamó «basura calva». En el gobierno brasileño interpretaron esa intervención como una injerencia directa en la política interna de su país, algo que se agravó porque los ataques se produjeron en territorio brasileño y alcanzaron tanto al jefe de Estado como a un magistrado del máximo tribunal.
El canciller Vieira fue tajante al calificar el episodio: lo definió como una provocación sin precedentes en más de 200 años de relaciones bilaterales.
En los días siguientes, Milei insistió con sus críticas, donde reiteró que la condena a Lula fue anulada por un «error administrativo» de la Justicia brasileña, sin que eso demuestre su inocencia. El propio presidente argentino justificó su estilo al decir que tiene «formas horribles» pero que dice la verdad.
Este martes, además, el mandatario argentino volvió a arremeter, esta vez sobre las elecciones presidenciales de Brasil de octubre, cuando expresó su deseo de que el país «también se pinte de azul» y calificó a los referentes del PT como «corruptos y chorros».
Qué puede pasar ahora
Hasta el momento no trascendió si la Argentina responderá con una medida recíproca sobre su representación diplomática en Brasil. Desde el Gobierno argentino confirmaron que no habrá una disculpa oficial por los dichos del Presidente, y no anticiparon un cambio en su discurso hacia Lula. La relación bilateral, uno de los vínculos centrales del Mercosur, atraviesa así su momento de mayor tensión en la historia reciente.


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