Alex Zanardi murió el 1 de mayo a los 59 años en Italia. Su familia lo confirmó en un comunicado en el que describió una despedida en paz, rodeado de quienes lo amaban. En el texto, agradeció las muestras de apoyo recibidas y pidió privacidad durante el duelo, adelantando que los detalles del funeral se informarían más adelante.
Nacido en Bolonia en 1966, Zanardi construyó una de las trayectorias más singulares del deporte mundial. Su camino al automovilismo profesional comenzó de manera artesanal: él mismo ensambló el primer kart que lo llevó a las pistas. Ese espíritu autodidacta y tenaz anticiparía todo lo que vendría después.
En la Fórmula 1 compitió para Lotus, Jordan, Minardi y Williams, aunque sus resultados en la categoría reina fueron modestos —su único punto llegó en el Gran Premio de Brasil de 1993—. Sin embargo, fue en la CART norteamericana donde se consagró: al volante de Chip Ganassi Racing acumuló 15 victorias y se coronó campeón en 1997 y 1998, ganándose el fervor del público estadounidense con un estilo de manejo agresivo y las celebraciones en forma de donuts que se volvieron su marca registrada.
El 15 de septiembre de 2001 todo cambió. Durante una carrera en el EuroSpeedway Lausitz de Alemania, un accidente brutal le costó ambas piernas. Sobrevivió gracias a intervenciones quirúrgicas de emergencia en lo que los médicos describieron como un milagro. Lejos de retirarse, Zanardi diseñó sus propias prótesis y regresó a competir: entre 2005 y 2009 sumó cuatro victorias en el Campeonato Mundial de Turismos con BMW.
Su reinvención más notable, sin embargo, llegó en el paraciclismo. En los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 y Río 2016 conquistó cuatro oros y dos platas en modalidades de contrarreloj y relevos, además de establecer un récord mundial de Ironman para deportistas con discapacidad. Ningún otro piloto europeo de Fórmula 1 había sumado antes victorias en CART, puntos en la máxima categoría y medallas paralímpicas.
En 2020 sufrió un nuevo golpe: un accidente durante una prueba de handbike en Italia le provocó graves lesiones craneales que requirieron una larga y compleja recuperación.
Más allá de las pistas, Zanardi dejó huella a través de la fundación Bimbingamba, dedicada a la rehabilitación de niños amputados. La Federación Internacional del Automóvil, en vísperas del Gran Premio de Miami, lo despidió como «uno de los competidores más admirados del deporte y un símbolo perdurable de coraje y determinación».
Alex Zanardi no fue solo un deportista de élite. Fue la demostración de que los límites, muchas veces, son negociables.


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