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A 13 años del “Habemus Papam”: el día en que Jorge Bergoglio se convirtió en el Papa Francisco


Eran las 15:06 en la Argentina cuando el humo blanco comenzó a salir de la chimenea de la Capilla Sixtina. Tras la histórica renuncia de Benedicto XVI, el Colegio Cardenalicio había tomado una decisión que marcaría un antes y un después en la historia de la Iglesia Católica. Minutos más tarde, el cardenal protodiácono Jean-Louis Tauran anunció al mundo las palabras que paralizaron al país: “Habemus Papam… Georgium Marium Bergoglio”.

Hoy, a 13 años de aquel momento histórico, el legado de Francisco —nombre que eligió inspirado en San Francisco de Asís— sigue resonando con la misma fuerza que su primer gesto ante los fieles desde el balcón de la Basílica de San Pedro, cuando pidió con sencillez: “Recen por mí”.

El cónclave que sorprendió al mundo

La elección de Jorge Mario Bergoglio fue inesperada para muchos analistas. Si bien su nombre había aparecido entre los candidatos durante el cónclave de 2005, en 2013 varios observadores consideraban que tenía menos posibilidades debido a su edad.

Sin embargo, su intervención en las congregaciones generales previas resultó decisiva. Allí planteó la necesidad de una Iglesia “en salida”, que no fuera autorreferencial, una idea que captó la atención de los cardenales. En la quinta votación del segundo día alcanzó los 77 votos necesarios —finalmente obtuvo 85—, lo que lo convirtió en el primer Papa jesuita, el primero proveniente de América y el primer pontífice no europeo en más de 1.200 años.

Un pontificado marcado por reformas y gestos

Durante estos 13 años de pontificado, Francisco impulsó una profunda reforma de la Curia Romana y colocó en el centro de su mensaje la justicia social, el cuidado del ambiente y la atención a los sectores más vulnerables.

Encíclicas como Laudato si’, centrada en el cuidado de la “casa común”, y Fratelli tutti, dedicada a la fraternidad y la amistad social, se convirtieron en documentos clave de su magisterio y tuvieron un fuerte impacto en la agenda internacional.

En Santa Fe, una provincia con fuerte tradición católica y vínculos históricos con la presencia jesuítica, la figura de Francisco tiene además un significado especial. Su paso por el Colegio de la Inmaculada Concepción como “maestrillo” en la década del 60 dejó recuerdos que muchos santafesinos evocan con orgullo cada aniversario.

Un legado que atraviesa el tiempo

El fallecimiento de Francisco marcó el final de una etapa para la Iglesia Católica, pero también consolidó la dimensión histórica de su figura. Aquella elección del 13 de marzo de 2013 no solo inició un pontificado, sino que abrió un proceso de transformación que buscó acercar la Iglesia a las periferias y tender puentes en un mundo dividido.

Hoy, a más de una década de aquel “Habemus Papam”, Argentina y el mundo recuerdan sus enseñanzas y reflexionan sobre su mensaje. El llamado a cuidar la “Casa Común” y a mirar hacia los más vulnerables continúa como una guía para las nuevas generaciones.

En Santa Fe, donde transcurrieron parte de sus años de formación jesuita, Francisco es recordado no solo como el Sumo Pontífice, sino también como el hombre que, “desde el fin del mundo”, logró devolverle al mensaje del Evangelio su sencillez y cercanía con la gente.

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