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9 de agosto: la historia detrás del Día de la Educación Especial


Cada 9 de agosto, Argentina se detiene a recordar un camino que no fue lineal ni sencillo: el de garantizar el derecho a la educación de las personas con discapacidad. La fecha se estableció en referencia al aniversario de la creación de la Dirección de Educación Especial, ocurrida el 9 de agosto de 1949, un hito que sentó las bases doctrinarias de esta modalidad educativa en el país.

Un largo recorrido desde los primeros registros

Los primeros antecedentes en materia de asistencia a personas con discapacidad en Argentina, se hayan en 1606, cuando Juan de Garay fundó en Buenos Aires una de las primeras organizaciones de asistencia. Pero el camino hacia una educación pensada para estos niños y niñas recién comenzó a delinearse siglos después, hacia fines del siglo XIX. En 1885 se fundó en Buenos Aires la primera Escuela de Sordomudos, bajo la dirección de Ángelo Beccari; en 1898 se creó el primer Instituto para Sordomudos, mientras que en 1901 se fundó el primer Instituto para Deficientes Mentales, también en Buenos Aires.

Aquellos primeros pasos, sin embargo, estuvieron marcados por una mirada que hoy se reconoce como injusta: entre fines del siglo XIX y la primera mitad del XX, Argentina adoptó un modelo médico-asistencial que consideraba a las personas con discapacidad como enfermas, a quienes había que tratar en instituciones separadas de sus familias y comunidades. Niños y niñas eran apartados del sistema educativo común y de sus entornos afectivos, bajo la idea de que había que «proteger a la sociedad» antes que educarlos.

1949: el punto de inflexión

La creación de la entonces Dirección de Enseñanza Diferenciada, en 1949, sentó las bases doctrinarias de la educación especial en el país, en momentos en que además la epidemia de poliomielitis de 1956 impulsó nuevas políticas sanitarias y programas de rehabilitación. Fue el inicio de un sistema propio, con maestras y maestros formados especialmente para acompañar a estos estudiantes, aunque todavía atravesado por la lógica de la separación: se trataba de un sistema paralelo al sistema educativo general, con currículum y organización propios, desde una perspectiva biomédica centrada en la recuperación y la asistencia.

Recién entre 1960 y 1980 comenzaron a crearse escuelas especiales dentro del sistema educativo formal, y en 1970 surgieron los primeros programas de integración parcial, un cambio de paradigma que empezó, tímidamente, a pensar la discapacidad ya no como una enfermedad a curar sino como una diferencia a incluir.

Del modelo médico al derecho a la inclusión

La conquista más significativa llegó con la sanción de la Ley de Educación Nacional 26.206, en 2006. El artículo 42 de esa ley define a la Educación Especial como una modalidad del sistema educativo destinada a asegurar el derecho a la educación de las personas con discapacidades, temporales o permanentes, en todos los niveles y modalidades del sistema, y establece en su artículo 11 el principio de inclusión educativa que hoy orienta esta modalidad.

Ese principio cambió el sentido de la pregunta: ya no se trata de adaptar a la persona con discapacidad a un sistema pensado sin ella, sino de que el sistema educativo se transforme para recibir a todos y todas. Se pasó de un enfoque en el que el estudiante debía adaptarse al sistema existente hacia un modelo social de la discapacidad, que entiende que las barreras no están en las personas, sino en los entornos que no fueron pensados para incluirlas.

Una modalidad presente en toda la trayectoria educativa

Hoy la Educación Especial es una modalidad transversal a todo el sistema educativo, que abarca desde la estimulación temprana en la primera infancia hasta la formación integral. Los estudiantes en situación de discapacidad pueden ejercer su derecho a la educación tanto en escuelas comunes —con acompañamiento de un maestro o maestra integrador— como en escuelas especiales, según cada situación particular.

Detrás de cada 9 de agosto hay, entonces, algo más que una fecha en el calendario: hay generaciones de docentes, familias y estudiantes que fueron corriendo, paso a paso, los límites de lo que la sociedad argentina entendía por «educar». De las instituciones de encierro del siglo XIX a la promesa de inclusión que hoy consagra la ley, la historia de la Educación Especial en Argentina es también la historia de una lucha por el derecho a aprender sin condiciones.

QUINI ANIVERSARIO