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Tan corto el amor y tan largo el olvido: cuánto tarda realmente en superarse una ruptura, según la ciencia


Superar una ruptura amorosa suele ser bastante más difícil —y mucho más largo— de lo que suele decir el sentido común. Aunque muchas veces el entorno insiste con frases como “en unos meses vas a estar bien”, distintas investigaciones muestran que el desapego emocional puede extenderse durante varios años.

Así lo plantea un estudio publicado en la revista Social Psychological and Personality Science, que analizó cómo evoluciona el vínculo emocional con una expareja una vez terminada la relación.

Lo que descubrió el estudio

La investigación fue realizada por los psicólogos Jia Y. Chong y R. Chris Fraley, de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos. Para el trabajo estudiaron a más de 320 adultos que habían estado en relaciones de al menos dos años de duración y que, al momento del análisis, llevaban un promedio de cinco años separados.

Los resultados fueron contundentes: en promedio, hacen falta 4,18 años para que una expareja deje de ser percibida como alguien emocionalmente cercano y pase a ser vista simplemente como “una persona que se solía conocer”. Pero el dato más impactante llegó después: recién cerca de los 8 años el apego emocional puede disolverse casi por completo, hasta un punto similar al que se siente por un desconocido.

No todos tardan lo mismo

Los investigadores aclararon que no existe una fórmula universal. El tiempo de recuperación varía muchísimo de una persona a otra. En algunos casos, el desapego puede darse con mayor rapidez. Pero en otros, el lazo afectivo puede seguir presente durante más de una década o incluso no desaparecer del todo.

Esto no necesariamente significa seguir enamorado, sino que la otra persona puede continuar ocupando un lugar emocional importante mucho después del final del vínculo.

Por qué cuesta tanto olvidar a un ex

Desde la psicología explican que el cerebro no procesa una separación como un hecho menor. Al contrario: muchas veces la vive como una pérdida profunda.

Durante una relación, la pareja se integra a la rutina, a la identidad personal y también a circuitos cerebrales vinculados con el placer, la seguridad, la costumbre y el apego. Por eso, cuando el vínculo se rompe, el cerebro puede reaccionar de una manera parecida a como lo hace frente a un duelo o incluso ante una experiencia de dolor físico.

Esa es una de las razones por las que una persona puede seguir pensando en su ex o sentir cierta conexión emocional incluso cuando ya no existe amor romántico.

Qué cosas hacen más difícil el proceso

Los especialistas identifican algunos factores que suelen volver más lento y complejo el desapego:

  • Mantener contacto frecuente, ya sea en persona, por mensajes o redes sociales
  • Tener hijos en común
  • Presentar un estilo de apego ansioso
  • Haber atravesado una relación muy intensa, absorbente o dependiente

En esos casos, el proceso de cierre emocional puede extenderse mucho más de lo esperado.

Qué ayuda a sanar más rápido

Aunque no hay fórmulas mágicas, sí existen hábitos y decisiones que pueden favorecer la recuperación emocional:

  • Cortar el contacto o reducirlo al mínimo posible
  • Aceptar lo que se siente sin negar el dolor
  • Evitar idealizar el pasado
  • Hacer actividad física
  • Recuperar la vida social
  • Abrirse de a poco a nuevas experiencias

Más que “olvidar” de golpe, el proceso suele consistir en reorganizar el lugar emocional que esa persona ocupa en la propia vida.

El dolor baja, pero el apego puede durar mucho más

Los especialistas coinciden en que no existe un cronómetro exacto para sanar una ruptura. Cada persona atraviesa el duelo amoroso a su manera, con sus propios tiempos, recursos emocionales e historia afectiva.

En general, el dolor más fuerte suele disminuir durante los primeros meses. Pero ese apego residual, esa sensación de que el otro todavía ocupa un lugar especial, puede tardar bastante más en apagarse. Y según la ciencia, eso no solo es normal: también es mucho más común de lo que se cree.