La Universidad Nacional de Rosario (UNR) fue escenario de una jornada académica sobre eutanasia y muerte digna, en medio de la discusión por distintos proyectos legislativos que buscan regular el derecho a decidir sobre el final de la vida. Especialistas en bioética, medicina y derecho analizaron los alcances de una eventual normativa, que todavía no llegó a ser tratada en el recinto del Congreso.
El encuentro, titulado “El derecho a decidir en los finales de la vida: Autonomía y Dignidad. El debate sobre la eutanasia en Argentina”, se realizó este lunes en el Aula Magna de la Facultad de Derecho, ubicada en Moreno 750. Participaron el médico obstetra y expresidente del Comité de Bioética del Hospital Italiano, Mario Sebastiani; la abogada Sheila Knight; y el doctor en Antropología Social y especialista en Bioética Darío Iván Radosta.
La jornada tuvo lugar mientras en el Congreso permanecen pendientes de tratamiento distintas iniciativas para regular la eutanasia. En paralelo, una carta pública impulsada por la Campaña Nacional por el Derecho a la Eutanasia en Argentina reunió más de 5.400 adhesiones y reclama un debate legislativo plural, informado y respetuoso.
Qué diferencias hay entre eutanasia y muerte digna
Uno de los ejes centrales de la discusión fue la distinción entre la eutanasia y los derechos que ya contempla la legislación argentina. Actualmente, la eutanasia no está regulada en el país y provocar la muerte de otra persona, instigar o ayudar a un suicidio puede quedar alcanzado por el Código Penal.
En cambio, la Ley de Muerte Digna, vigente desde 2012, permite que los pacientes rechacen determinados tratamientos o soportes de asistencia vital y establezcan directivas anticipadas sobre las intervenciones médicas que aceptan o no recibir en el futuro.
La eutanasia consiste en la administración de una sustancia por parte de un profesional de la salud para provocar la muerte de un paciente que lo solicita, bajo las condiciones que establezca una eventual ley. El suicidio médicamente asistido se diferencia porque es el propio paciente quien se administra esa sustancia. Ninguna de las dos prácticas está habilitada actualmente en Argentina.



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