Argentina forma parte de una nueva etapa en la exploración espacial con su participación en Artemis II, el programa internacional que volverá a llevar astronautas a las cercanías de la Luna tras más de medio siglo.
La iniciativa, impulsada por la NASA, cuenta con la presencia de distintos países seleccionados por su desarrollo tecnológico. Entre ellos aparece Argentina, que se posiciona junto a potencias como Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita en un escenario de alta exigencia científica.
La participación nacional se concretó a través de la CONAE, que articuló el trabajo con empresas privadas, universidades e instituciones científicas para el desarrollo de un nanosatélite propio que fue incorporado al cohete de la misión.
Este dispositivo, de apenas 10 por 10 centímetros, fue enviado a Estados Unidos a fines del año pasado para integrarse al sistema de lanzamiento y formar parte del viaje alrededor de la Luna.
Su objetivo será clave para el futuro de la exploración espacial: medirá los niveles de radiación en el espacio profundo, un factor determinante para la seguridad de futuras misiones tripuladas más allá de la órbita terrestre. Además, permitirá obtener datos de geoposicionamiento y validar tecnología científica desarrollada en el país.
Especialistas destacaron que la información que se obtenga será fundamental para mejorar las condiciones de protección de los astronautas en próximas misiones. A su vez, este desarrollo marcará un hito para la ciencia argentina, ya que se convertirá en el satélite nacional que más lejos haya llegado, con una órbita estimada de hasta 70.000 kilómetros de la Tierra.



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