Lo que para el entorno escolar de la Escuela Mariano Moreno era la conducta de un «pibe tranquilo», en el mundo digital era una alarmante apología a la violencia. C.G. (15), el adolescente que disparó y mató a Ian Cabrera (13), operaba bajo un alias en redes sociales donde rendía culto a los tiradores más sanguinarios de la historia reciente.
La estética del joven no era azarosa. En sus perfiles, el adolescente emulaba a Eric Harris, uno de los autores de la masacre de Columbine (1999). Harris atacó su escuela vistiendo una remera con la leyenda «Natural Selection» (Selección Natural); 27 años después, C.G. utilizaba simbología idéntica en sus plataformas.
Según la investigación, el menor compartía videos y contenido de otros ejecutores de masacres masivas, tales como:
Kosta Kecmanović: Autor de la tragedia en la Escuela Vladislav Ribnikar (Serbia).
Seung-Hui Cho: Responsable de los 33 muertos en Virginia Tech.
Elliot Rodger: El tirador de Isla Vista.
Tras el ataque en Santa Fe, sus redes se poblaron de comentarios escalofriantes. Lejos de la condena, una comunidad marginal lo calificó de «héroe» e «ídolo», pidiendo su «pronta libertad» bajo posteos del escritor japonés Yukio Mishima, cuyas frases sobre la muerte y la falta de heroísmo en la era moderna eran frecuentemente citadas por el joven.
C.G. también frecuentaba plataformas de videos de muertes violentas (conocidas como contenido gore). Allí, utilizaba como imagen de perfil la obra «La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp» de Rembrandt.
Sin embargo, en estos foros de nicho, la reacción fue distinta. Algunos usuarios lo ridiculizaron llamando a su ataque un «tiroteo de cuarta» y acusándolo de ser un «copiador» de Columbine sin originalidad. Irónicamente, se supo que el propio C.G. solía burlarse en esos mismos términos de otros potenciales tiradores que eran detenidos antes de actuar.
Para entender el trasfondo del ataque, la justicia ha comenzado a reconstruir la vida del adolescente, revelando un entorno familiar marcado por la conflictividad y las ausencias. El joven vivía en el domicilio de su abuelo materno —comerciante y presunto dueño del arma utilizada—, en un hogar atravesado por la compleja situación de sus progenitores: un padre ausente que reside en Entre Ríos y padece consumos problemáticos, y una madre, docente de nivel inicial, que se encuentra actualmente bajo licencia por carpeta psiquiátrica. Estos factores son analizados por los investigadores como elementos clave para descifrar el perfil del menor.
A pesar de que sus abogados confirmaron que el joven se autolesionaba y estaba bajo tratamiento psicológico, en la escuela no había antecedentes de mala conducta ni registros de bullying previo con la víctima. «Disparó sin reparar a quién», detallaron fuentes del caso, reforzando la hipótesis de un acto de violencia indiscriminada nutrido por sus obsesiones digitales.



Seguinos