Eduardo Saigo tenía 35 años cuando descubrió que había sido adoptado. La verdad llegó a través de un familiar y, después de hablar con su madre, conoció una realidad que había permanecido oculta durante décadas.
“Me enteré por un familiar que tenía una energía tan fuerte que yo lo creí, le pregunté a mi mamá y me fue contando cosas. En mi caso lo sabía hasta un sobrino, lo sabían todos menos yo, había un pacto de silencio”, contó durante la entrevista en Escenario Mercenario.
El descubrimiento modificó para siempre la manera en la que Eduardo entendía su propia historia. “Cuando te pasa a vos sentís que no perteneces, pero no lo puedo explicar con palabras”, expresó.
“Mi mamá me confesó que me había comprado”
La confirmación llegó cuando decidió preguntarle directamente a su madre. La respuesta tuvo un fuerte impacto emocional.
“Mi mamá me confesó que me había comprado, fue una patada en el pecho, muy doloroso, ya me dolía ser adoptado, te sentís no incluido, sentís que viviste en una mentira”, relató.
Su infancia tampoco estuvo marcada por un contexto familiar sencillo. “Mi papá era alcohólico, nunca me quiso, me abandonó a los 9 años, mi mamá estaba medicada, no me crié en un hogar bueno”, contó.
Según explicó, nunca recibió una explicación concreta sobre las circunstancias de su adopción. “No me dijo por qué me compraron, pero sentí que era como que fueron a comprar un cachorro, igual hizo lo que pudo con lo que tenía”, señaló.
Durante años decidió dejar la búsqueda en pausa.
“Durante mucho tiempo lo cajoneé porque quería saber pero no podía, era pelear contra molinos de viento, me hacía mal”, explicó.
Una búsqueda que volvió después de años
Con el paso del tiempo, Eduardo decidió retomar la búsqueda de sus orígenes. En ese camino logró contactar a la partera que figura en su partida de nacimiento, Silvia Viale.
“Yo te compré y traté con la partera que figura en la partida de nacimiento, logré contactarla, Silvia es una señora muy agradable, pero me dijo que no recordaba nada de la época, una mujer siniestra”, relató.
La investigación también lo llevó a encontrarse con otros casos de personas que atraviesan situaciones similares. “El lapso de tiempo que hicieron esto fue enorme”, sostuvo. Para Eduardo, uno de los aspectos que más impacto genera es la cantidad de historias que comenzaron a aparecer. “Lo que te rompe la cabeza es la cantidad de casos, a partir de hoy se abrió la ventana de tiempo de 20 años, al ser tan sistemático, si bien no entramos en delito de lesa humanidad, pero no sé hasta qué punto lo van a poder sostener”, afirmó.
La búsqueda de su madre biológica
Una de las preguntas que todavía no pudo responder es quién es su madre biológica. Eduardo cree que pudo haber sido una adolescente cuando quedó embarazada.
“Estar embarazada siendo adolescente te convertía en una persona muy vulnerable, era una tragedia y te captaban a través de avisos, mi mamá biológica tenía 15 años, la quiero conocer”, contó.
En esa búsqueda también aparece una fotografía que podría convertirse en una pista para reconstruir su historia.
Pero detrás de la investigación judicial y de la búsqueda de información hay también una necesidad personal. “Se despertó en mí una necesidad de tener yo un lugar a donde ir, que mi mamá me dé un abrazo, que ella me acaricie y sentir que llegué”, expresó.

“No busco venganza, busco justicia”
Eduardo reconoce que hablar de su historia no le resulta sencillo. “Me cuesta mucho sentarme y hablar pero cuando me siento cómodo, empiezo a soltar”, explicó.
A pesar del dolor que le produjo conocer su origen, asegura que su objetivo no es buscar una revancha personal. “No guardo rencor y no estoy buscando venganza, pero sí busco justicia, me hicieron mucho daño”, sostuvo.
La búsqueda de Eduardo continúa. Esta vez, con la intención de reconstruir una parte de su historia que durante 35 años permaneció oculta y de encontrar a la mujer que, según espera, pueda responder una de las preguntas más importantes de su vida: quién es su madre biológica.


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