Rosario se prepara para un evento cultural de alto impacto. Este sábado 11 y domingo 12 de abril, a las 20:00, el espacio El Murci del Teatro Astengo recibirá a Liliana Felipe con su espectáculo «Liliana Felipe en concierto 1976-2026». La propuesta no solo celebra medio siglo de trayectoria, sino que también funciona como un manifiesto de las causas que la artista abraza desde hace décadas.
El show cuenta con la producción ejecutiva de la reconocida actriz Érica Rivas, quien acompañó a Felipe en una reciente entrevista en Escenario Mercenario. Rivas relató su vínculo personal con la obra de la música, el cual comenzó hace más de 20 años:
«La empecé a escuchar cuando dejé psicología para ser actriz. Su canción ‘Las histéricas somos lo máximo’ me hizo sentir que alguien cantaba lo que yo pensaba. Me hice fan, la seguí por Córdoba y Rosario, y finalmente viajé a México para estar cerca de ella», recordó Rivas.
Liliana Felipe, quien se autodefine como «mexitina» por sus largos años de residencia en México, regresa al país en un contexto que considera movilizante. Como sobreviviente de los años 70, la artista vinculó el actual clima económico con los 50 años del golpe de Estado de 1976.
«Quise venir a opinar. Hay una violencia que se promueve y está legitimada institucionalmente», afirmó Felipe, quien explicó que cada una de sus canciones es un testimonio de lo vivido y una herramienta de autoconocimiento. Entre sus obras destacadas, recordó Canciones de mierda, un libro-disco basado en investigaciones del antropólogo Alfredo López Austin e ilustrado por Francisco Toledo, que explora la cosmovisión de los pueblos originarios de México.
Más allá del escenario, la agenda de Liliana Felipe en la ciudad incluye un fuerte componente de activismo. Este viernes a las 17:00, brindará una charla abierta en Aromo Café (Mitre y Pasco, frente a Plaza Libertad) junto a activistas locales.
Al abordar su activismo, la artista fue contundente al marcar una línea divisoria entre el vegetarianismo y el veganismo. Según explicó, mientras que el primero suele responder a una elección personal vinculada a la salud, el veganismo constituye una postura ética y estrictamente política. Para Felipe, esta decisión representa un compromiso profundo con la coherencia, al punto de definirlo como un «detector de mentiras» para quienes dicen luchar por la justicia pero mantienen el consumo de productos de origen animal, señalando que «en sus platos todavía se ve un chorro de sangre».
Finalmente, Felipe vinculó esta lucha con la historia de la opresión humana para dimensionar la gravedad del trato actual hacia otras especies. Bajo su óptica, la explotación sistemática que sufren los animales en la actualidad es comparable a la que padecieron los esclavos durante el siglo XIX, reforzando la idea de que el aprendizaje sobre la libertad y la empatía debe ser universal y romper con las barreras de la especie.



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