La usurpación británica en las islas Malvinas de 1833 no solo interrumpió la comunidad argentina que se había establecido en 1826, sino que derivó en el exterminio de un zorro autóctono.
A fines del Pleistoceno (cerca de 10,000 años AP) se extinguieron la mayor parte de los grandes y mega mamíferos que habitaron Sudamérica. Sin embargo, una de las especies que sobrevivió era la del zorro malvinero (Dusicyon australis), también llamado lobo de las Malvinas, zorro-lobo y «warrah».
Fue descubierto en 1690 y su presencia allí probablemente deriva de esporádicos desembarcos de cazadores yámana (pueblo nómada canoero que habitó los canales y costas de Tierra del Fuego) o manne’ken (subgrupo etnográfico fueguino perteneciente al pueblo Selk’nam). Estas etnias habían logrado domesticar a los zorros, creando el antiguo perro fueguino o perro yagán.
Era un animal de aspecto intermedio entre el lobo y el zorro, más bajo que el primero porque sus patas eran más cortas y más corpulento que el segundo. La cola era más larga y peluda que la del lobo. Se alimentaba de los huevos de los pingüinos y las crías de lobos marinos y focas. Charles Darwin, naturalista británico, al recalar en las Malvinas en 1833 durante su travesía al bordo del Beagle, se maravilló de su mansedumbre, y predijo: “Dentro de algunos años, cuando estas islas estén habitadas, sin duda a ese zorro se le podrá clasificar, como al dodo, entre los animales desaparecidos de la superficie de la Tierra”.
Y su predicción se cumplió. La introducción de las ovejas por los españoles marcó el comienzo del fin para el zorro. Acostumbrado a ganarse un magro y dificultoso sustento, encontró en las ovejas presas fáciles y suculentas. Por esa razón fue perseguido sin piedad. El último warrah de las islas fue muerto a tiros en 1876, mientras que el único warrah en cautiverio había muerto en el Zoológico de Londres el año anterior.




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