Llega a la ciudad «La Ballena», la obra teatral escrita por Samuel D. Hunter en 2012, una historia que cuenta la historia de Charlie, un profesor de literatura que da clases desde su casa mientras atraviesa una compleja situación personal: padece obesidad mórbida, está enfermo y ha decidido no recibir tratamiento médico.
El maestro Julio Chávez, quien tomó el desafío de ponerse en la piel de Charlie, se acercó a los estudios de Radiofónica Medios y charló en Escenario Mercenario acerca de La Ballena, una propuesta teatral que llega a Rosario este 10, 11 y 12 de abril en el Teatro Broadway, y además realizó una reflexión sobre su trayectoria y el amor por su profesión.
Acompañado por su amiga Ana, Charlie atraviesa sus días en soledad y encierro, hasta que la llegada de Tomás, un joven religioso, lo enfrenta con heridas que creía imposibles de revisar. Sabiendo que el final se acerca, decide dar un último paso: intentar reconstruir la relación con Ellie, su hija, a quien no ve desde hace ocho años.
«La Ballena que traemos nosotros es una mirada diferente sobre un mismo objeto, es atravesado de otra manera y en definitiva, hay otros elementos que no hay en la película: empatía, más ternura y menos ubicación del tema en un mundo sórdido y pesado. Entendemos que la ballena, justamente hay que rescatar a Charlie de ese peso y esa prisión y ubicarlo en un lugar humano, con lo pesado que es ser un ser humano» comenzó explicando.
The Whale se hizo mundialmente conocida por su adaptación al cine, ganadora también de galardones como el Oscar. Ante este hecho, Chávez fue consultado si vio el largometraje previo a su actuación: «No vi la película (The Whale), no te puedo hablar de eso. Se que es un hecho muy contundente y que nos vino a favor y a la vez en contra. Esto último porque la película tiene un poco más de sordidez y no es tan empática como lo que nosotros presentamos en la obra de teatro».
«Soy agradecido de la escena que se manifiesta, que tampoco se que tan verdadera es o cuan durable. Hay, como dice Shakespeare en Ricardo II: ‘Uno conoce el valor de la corona cuando te la sacan. Agradezco enormemente cuando alguien me reconoce y me manifiesta que le gusta lo que hago’. Me alivia tener la corona para no desearla. Rosario es una plaza esperada y deseada y por suerte estamos el 10, el 11 y el 12″.
Y continuó: «Charlie tiene 230 kilos pero su conflicto no es ese, sino su sexualidad, su paternidad, su profesión como docente, la religión, Dios… eso no lo tiene por el peso. Lo atractivo es que cuando aparece un ser particular y corrido del común denominador te preguntas ‘¿Qué le pasó?’. Y esa pregunta tiene que existir en un hecho teatral. A esto se llega porque somos seres humanos y porque hay una humanidad que es difícil transitar«.
«Nosotros decidimos ponernos sobre los hombros ese problema existente hoy que de golpe se tiene prohibido hablar sobre ciertos sectores, y por otro se habla de la inclusión, pero si nos incluimos todos, vamos a incluirnos en el problema de la humanidad».
«El espectáculo tiene además algo muy hermoso que es la cantidad de instituciones nosotros los seres humanos construimos para que nos den una respuesta acerca del padecimiento humano» concluyó.
Lo fascinante del ‘cuentito’ del teatro: un pacto implícito entre actor y espectador
«Es una ceremonia de aquellas que contienen una capacidad enorme que tenemos los humanos de que nos cuenten y que uno imagine lo que a uno le cuentan. El mundo lo aprendemos entre todos porque nos lo cuentan. Tomamos contacto con lo que entendemos que es el mundo a través del relato» señaló.
Y añadió: «El hecho de contarse cosas y sentir que el otro está imaginando y que se produce un hecho de cuentito, es para mi, un elemento elemental de lo que es la humanidad. Y que espero no se lo cedamos a ninguna máquina. Ya hay mucha desocupación en el mundo, ¿desocuparnos de lo más humano?.
«El silencio en el teatro es muy particular porque tiene varias categorías. Vos percibís cual es el silencio que hace el espectador porque está trabajando y el otro de quien está esperando a que termine el espectáculo. El que hace silencio porque está trabajando es porque hace silencio para sí mismos. Para mi son de los silencios peligrosos, porque con cualquier jugada errónea, lo mata».
Referido al terreno ganado de las plataformas y la nueva forma de consumos culturales tal y como son las series, Julio reflexionó: «Es doloroso y hay que ceder. Traerá injusticias, que no será perfecto, pero que entiendo que es algo que es el tiempo y que va cambiando. Y no quiero entrar, en ese sentido, en suponer que es un problema de mi tiempo, sino un problema del tiempo. Y que yo estoy viviendo en el tiempo».
Y concluyó: «En ese sentido añoro cuando a las nueve de la noche toda la familia se reunía a ver un programa. Pero hoy la pregunta es ¿la familia tiene ganas de reunirse? han cambiado muchas cuestiones. Vengo de muchas experiencias y también estoy viviendo estas. Y no quiero ser un resentido, quiero ejercitar la búsqueda de lo que a mi me gusta dentro de lo que hay en la vida. Siempre hay algo que hay que laburar».
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