La visita de Gianni Infantino al vestuario de Irán tras el empate 2-2 frente a Nueva Zelanda dejó una escena que fue mucho más allá del resultado deportivo. En medio de un clima marcado por las dificultades extrafutbolísticas que atraviesa el seleccionado asiático, el entrenador Amir Ghalenoei aprovechó la presencia del presidente de la FIFA para elevar un contundente reclamo.
Infantino ingresó al vestuario para felicitar al plantel iraní por la reacción mostrada en el debut mundialista y destacó el significado de representar a su país en un contexto complejo.
«Están escribiendo historia y todo el mundo los está observando», les expresó a los futbolistas. Luego, intentó transmitirles un mensaje de fortaleza: «Tu corazón por tu pueblo, tu familia y tus amigos. Eres más fuerte que cualquier cosa».
Incluso, buscó distender el ambiente con una broma dirigida al cuerpo técnico: «Si el entrenador necesita un delantero, juego el siguiente partido con ustedes».
Sin embargo, Ghalenoei aprovechó el encuentro cara a cara con el máximo dirigente del fútbol mundial para manifestar su malestar por las condiciones en las que Irán afronta la Copa del Mundo.
El seleccionador detalló los problemas logísticos que sufrió la delegación desde su llegada al torneo, entre ellos el rechazo de visas para algunos integrantes del grupo y las complicaciones para establecer una base de trabajo estable. Además, cuestionó los continuos traslados que debe realizar el equipo y pidió que la FIFA intervenga para garantizar igualdad de condiciones. «Somos la selección más oprimida del Mundial», aseguró el entrenador iraní ante Infantino.
Según explicó, varios miembros de la delegación no pudieron ingresar a Estados Unidos y el plantel se vio obligado a modificar la planificación prevista para el certamen. Finalmente, Irán instaló su base en Tijuana, México, y debe desplazarse constantemente para disputar sus compromisos en territorio estadounidense.
El episodio volvió a poner sobre la mesa uno de los temas más delicados del Mundial 2026: el impacto de las restricciones migratorias y las dificultades organizativas que afectan a algunas delegaciones, en un torneo compartido entre Estados Unidos, México y Canadá.


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