Política

El Concejo dio luz verde a la ampliación del programa Plazas de Bolsillo para erradicar microbasurales


El Concejo Municipal de Rosario aprobó en sesión ordinaria el proyecto de ordenanza presentado por la concejal Carolina Labayru, que amplía y actualiza el marco normativo del programa Plazas de Bolsillo, una política urbana orientada a recuperar espacios degradados y erradicar microbasurales.

La iniciativa modifica la Ordenanza N.º 10.114 e incorpora de manera expresa la posibilidad de intervenir espacios públicos de reducido tamaño, como ochavas, franjas residuales, retiros urbanos o veredas ensanchadas, que hoy funcionan como focos crónicos de basura, vandalismo y deterioro urbano.
“No es solo una plaza. Es una forma de gobernar. Está en nuestras manos que esto se convierta en un programa de los rosarinos y no en una política de turno”, sostuvo Labayru durante su intervención en el recinto.

La ordenanza reconoce y formaliza una práctica que la Municipalidad de Rosario viene desarrollando con resultados concretos: la transformación de microbasurales en espacios de encuentro, mejoras ambientales, apropiación vecinal del espacio público y un aumento en la percepción de seguridad barrial. En ese marco, refuerza además la participación ciudadana como eje central para la identificación de los espacios y la definición de sus usos. “El vecino se convierte en protagonista: es quien propone, elige y diseña estos lugares”, explicó.

En la misma línea, el concejal Fabricio Fiatti, autor de la ordenanza original sancionada en 2020, destacó la importancia de esta actualización: “Contar con una política pública consolidada permite garantizar reglas claras y un marco que no dependa de la discrecionalidad de un gobierno o de la voluntad de un funcionario”.

Entre los principales puntos, la ordenanza amplía el alcance del programa a espacios públicos pequeños degradados, establece criterios claros de intervención urbana y ambiental, fortalece la participación vecinal en el diseño y cuidado de los espacios y consolida una política de bajo costo relativo y alto impacto cotidiano.

Además del impacto urbano y social, la iniciativa incorpora un componente clave de eficiencia en el uso de los recursos públicos. Mientras que el mantenimiento anual de un microbasural implicaba para el municipio un costo cercano a 18 millones de pesos, producto de intervenciones reiteradas de limpieza, su transformación definitiva en un espacio público de calidad requiere una inversión única estimada entre 10 y 13 millones de pesos.

Esto no solo mejora el entorno y la calidad de vida de los vecinos, sino que también representa un ahorro significativo para el Estado, al eliminar gastos recurrentes y reemplazarlos por una solución estructural y sostenible en el tiempo.

“No es un proyecto partidario. Es un proyecto de ciudad. Una ciudad donde el espacio público vuelve a ser de la gente”, concluyó la concejal. El expediente fue aprobado por mayoría.

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