Internacional

Disturbios en Francia: qué pasa, por qué protestan y qué consecuencias políticas tiene


Francia atraviesa los disturbios más graves de los últimos años. Lo que empezó como una serie de manifestaciones contra el gobierno terminó este fin de semana en saqueos, incendios y enfrentamientos que dejaron daños en todo el país. El domingo, con la calma de regreso, las ciudades amanecieron cubiertas de vidrios rotos y autos calcinados, mientras los dirigentes políticos se acusaban mutuamente por el caos.

La violencia fue el resultado de la combinación de tres factores: un movimiento estudiantil que desde hace semanas reclama mejores condiciones en las escuelas, una protesta nacional cada vez más amplia contra el alto costo de vida y grupos de alborotadores que aprovecharon las marchas para saquear. Todo ocurre en un momento delicado para el país, la segunda economía de la Unión Europea, cuyo gobierno intenta aprobar un presupuesto de ajuste muy resistido. Ese malestar social, además, ayudó a posicionar a la dirigente de extrema derecha Marine Le Pen como favorita para las elecciones presidenciales de la próxima primavera.

Qué pasó el fin de semana

El sábado fue la jornada de protesta más masiva desde que comenzaron las movilizaciones, hace alrededor de un mes. Según el Ministerio del Interior, más de medio millón de personas participaron en unas 110 marchas en todo el territorio, aunque la central sindical CGT elevó la cifra a 800.000 manifestantes.

Si bien la mayoría de las movilizaciones fueron pacíficas, hubo grupos que atacaron cerca de 1.500 comercios y diversos símbolos del Estado. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó que hubo más de 2.000 detenidos. Entre los hechos más graves, un incendio intencional destruyó buena parte del ayuntamiento de Limoges, en el centro del país, y en Marsella, la segunda ciudad más grande de Francia, un grupo de encapuchados irrumpió en un edificio público y derribó un busto de Marianne, la figura que representa a la República.

Por qué protestan los estudiantes

El conflicto arrancó en septiembre, cuando estudiantes secundarios salieron a la calle para denunciar el estado de las escuelas. Sus reclamos apuntan a la infraestructura deteriorada, las aulas superpobladas, los horarios sobrecargados, la falta de docentes y personal y el escaso presupuesto educativo. Muchos también exigen cambios en el sistema estatal de ingreso a la universidad, que consideran injustamente selectivo.

Los jóvenes bloquearon cientos de escuelas y, según el gobierno, al menos 24 fueron incendiadas o dañadas. Desde septiembre hubo miles de detenidos y más de 1.000 heridos entre policías, estudiantes y personal escolar. El enojo creció por la dureza de la respuesta policial: la fiscalía y un organismo de control investigan al menos 34 denuncias por abusos de las fuerzas de seguridad. Entre los casos más graves figuran el de un adolescente de 15 años que perdió la mano izquierda, probablemente por una granada aturdidora de la policía, y el de un chico de 14 años que sufrió graves heridas por una granada de gas lacrimógeno disparada a corta distancia.

Quiénes se sumaron a las protestas

A lo largo de octubre, sindicatos y organizaciones sociales se plegaron a las marchas estudiantiles, primero en solidaridad y luego con reclamos propios. Muchos protestan por el costo de vida y por la suba del combustible, que se disparó en parte por la guerra con Irán. También se sumaron los productores agropecuarios, molestos por el aumento de sus costos, y referentes vinculados a los “chalecos amarillos”, el movimiento que hace casi una década bloqueó rutas en todo el país en rechazo a la suba de la nafta.

Los partidos de izquierda también se subieron a la ola de descontento contra el presidente Emmanuel Macron, que transita la recta final de su segundo y último mandato. Este tipo de estallidos tiene antecedentes en la historia francesa: en 1968, las protestas estudiantiles estuvieron a punto de hacer caer al gobierno y dejaron una huella profunda en la sociedad.

Qué dice la política

El propio Macron habló este domingo en un discurso televisado de menos de diez minutos, en el que condenó los saqueos y los ataques contra comercios e instituciones públicas y advirtió que el Estado exigirá responsabilidades: “Quienes saquearon deberán pagar por los daños, y quienes buscaron derrocar la República deberán rendir cuentas”. El mandatario atribuyó parte de los disturbios a grupos radicales de extrema izquierda y a delincuentes, aseguró que “nada justifica” la violencia y pidió distinguir entre quienes se movilizaron por reclamos legítimos y quienes participaron de la destrucción. Además, les exigió a los dirigentes políticos que condenen los hechos sin ambigüedades: “Cada uno debe asumir sus responsabilidades. El país necesita orden, calma y no una escalada”.

En la misma línea, tanto la extrema derecha como el gobierno de centro responsabilizaron a la extrema izquierda, y en particular al partido Francia Insumisa. El primer ministro Sébastien Lecornu acusó a sus dirigentes de fomentar la desconfianza de los estudiantes hacia la policía y aseguró que parte de los alborotadores pertenecían a la “ultraizquierda”.

Desde Francia Insumisa rechazaron las acusaciones. Su líder, Jean-Luc Mélenchon, devolvió las críticas y responsabilizó directamente a Lecornu por el caos, al que atribuyó a la incompetencia del gobierno o a una estrategia deliberada para mostrarse como garante del orden y desviar la atención de sus problemas con las cuentas públicas. El primer ministro no respondió.

QUINI SORTEOS