El llamado pie de atleta, conocido en el ámbito médico como Tinea pedis, es una de las infecciones en la piel más comunes y afecta principalmente a los pies. Se trata de una micosis provocada por hongos que suele aparecer entre los dedos, aunque en algunos casos puede extenderse a la planta o los bordes.
Para tener más detalles acerca del tema, el equipo de Escenario Mercenario recibió la visita de Silvia Caponi, del Colegio de Farmacéuticos que explicó de manera detallada esta situación.
«El hongo te come la piel, y para poder digerirla libera una enzima que genera picazón. La enfermedad es muy común en los gimnasios» detalló Silvia.
La profesional relató que lo ideal es que en todos lados hay que bañarse en ojotas, y caminar alrededor de la pileta con ese calzado ya que el hongo es «oportunista». También, dejó en claro que el pie de atleta no es sinónimo de falta de higiene.
Entre sus síntomas más habituales se encuentran la picazón, el enrojecimiento, la descamación y la aparición de grietas en la piel. También puede generar mal olor, ardor e incluso pequeñas ampollas, lo que provoca molestias en la vida cotidiana.
La infección se desarrolla cuando los llamados dermatofitos —hongos microscópicos— encuentran condiciones favorables para crecer. Los ambientes húmedos, cálidos y con poca ventilación son ideales para su proliferación. Por eso, es frecuente en personas que usan durante muchas horas calzado cerrado o que presentan sudoración excesiva en los pies. Además, puede transmitirse por contacto con superficies contaminadas como duchas, vestuarios, gimnasios o piscinas.
Si bien cualquier persona puede padecer pie de atleta, hay grupos más propensos: quienes practican deportes, personas que transpiran en exceso, quienes utilizan espacios públicos compartidos y también pacientes con el sistema inmunológico debilitado o enfermedades como la diabetes. Compartir objetos personales como toallas, medias o calzado también incrementa el riesgo.
En este contexto, la prevención resulta clave. Especialistas recomiendan mantener los pies limpios y bien secos —sobre todo entre los dedos—, cambiar las medias diariamente y optar por materiales que absorban la humedad, como el algodón. También es importante usar calzado ventilado, evitar caminar descalzo en lugares públicos y no compartir elementos de uso personal. Alternar el calzado para permitir su secado completo es otra medida efectiva.
Cuando la infección aparece, el tratamiento suele incluir antimicóticos de uso tópico disponibles en farmacias, como los que contienen Terbinafina, Clotrimazol o Miconazol. Estos productos se presentan en diferentes formatos: cremas, sprays o polvos, y su elección depende del tipo de lesión. Mientras que las cremas son útiles ante descamación o grietas, los sprays y polvos ayudan en casos de humedad entre los dedos.
Ante los primeros signos, se recomienda iniciar el tratamiento de manera temprana y completarlo según las indicaciones, incluso si los síntomas desaparecen antes, para evitar recaídas.
En este escenario, el farmacéutico cumple un rol fundamental. Desde la farmacia no solo se orienta sobre el uso correcto de los medicamentos, sino también sobre medidas de prevención e higiene. Además, puede indicar cuándo es necesario acudir al médico, especialmente si la infección no mejora, se extiende o compromete las uñas.
Por su cercanía con la comunidad, la farmacia suele ser el primer punto de consulta frente a este tipo de afecciones, que si bien son comunes, requieren atención para evitar complicaciones.
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