La muerte de Ángel López, el nene de cuatro años que falleció en Comodoro Rivadavia, sigue rodeado de interrogantes. En medio de la investigación que lleva curso, cobró relevancia un documento previo de una audiencia en la que el menor, dos meses antes de su fallecimiento, estuvo frente al juez de Familia a cargo de su causa.
El acta judicial tiene fecha del 9 de febrero de este año y certifica la realización de una audiencia de escucha en el marco del artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño, que garantiza el derecho de los menores a expresar su opinión en los procesos que los afectan. En esa instancia estuvieron presentes el juez de Familia Pablo Pérez, la asesora de menores Verónica Roldán y el propio Ángel.
Un medio que tuvo acceso al documento divulgó que en él consta que el niño expresó, con dificultad, que vivía con su madre y que quería seguir haciéndolo. El juzgado interpretó esa afirmación como una manifestación clara de su voluntad y tuvo injerencia en la resolución posterior, que ratificó la guarda a favor de la progenitora. Pero el punto más llamativo es que, ante la consulta por su padre, Ángel señaló que no quería verlo.
Esa frase quedó asentada en el expediente y hoy adquiere una dimensión más profunda. No sólo influyó en la decisión judicial, sino que también se inscribe en un contexto familiar atravesado por conflictos y versiones contrapuestas sobre el cuidado del menor.
La investigación continúa bajo la carátula de “muerte dudosa potencialmente ilícita” y, hasta el momento, la Justicia no descarta ninguna hipótesis, incluido un posible homicidio. En ese marco, uno de los datos más relevantes surgió de la autopsia, que detectó traumatismos en la zona del cráneo del menor.
Ahora, los fiscales buscan determinar si esas lesiones fueron provocadas de manera intencional o accidental. Para ello, será clave el informe histopatológico, que permitirá establecer la antigüedad y la gravedad de los golpes.



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